Un poco sobre mí

Soy Raquel Pons, psicóloga sanitaria y terapeuta gestalt, especializada en procesos de crecimiento personal, apego y trauma.
Me adentré en el mundo de la psicología al sentir una profunda curiosidad por conocer la complejidad del ser humano y sus formas de abrirse camino en la vida. Tras realizar el grado de Psicología, pronto comprendí que las personas estamos hechas de experiencias que necesitan ser habladas para poder integrarlas y crear nuevos horizontes. Detrás de cada síntoma hay una historia que necesita ser contada.

Como psicóloga, cuento con un enfoque integrador que me permite incorporar diferentes modelos y técnicas de psicoterapia para ajustarlo a las necesidades individuales de cada persona. Entre ellas se encuentra la perspectiva sistémica, la teoría del apego, el trabajo con las partes internas (IFS), la terapia polivagal, la terapia psicosomática, el método wingwave y diversas herramientas de conciencia y trabajo corporal.

Mi formación como terapeuta gestalt ocupa un lugar especial en el trabajo que realizo.
 Tener la oportunidad de experimentar un proceso personal en mi propia piel ha sido una de las experiencias profesionales más nutritivas. Me ha permitido desarrollar una visión mucho más humana, consciente, respetuosa y sensible hacia las dificultades de las personas a las que acompaño. La Gestalt me ha proporcionado herramientas de trabajo basadas en la presencia –“aquí y ahora”–, conciencia y desarrollo de la responsabilidad hacia el cambio.

En cuanto a mi trayectoria profesional, he tenido la oportunidad de trabajar en centros de psicología de Valencia y Barcelona. He guiado diversos procesos de terapia individual relacionados con dificultades de vinculación, heridas emocionales, autoestima, cuestiones existenciales y de crecimiento personal, duelo, depresión y ansiedad.
Concibo la terapia como un espacio donde poder parar y tomar conciencia de lo que nos ocurre, una oportunidad para poner un poco de luz a nuestras sombras. Un espacio de reflexión donde podremos revisar y actualizar aquellos aprendizajes y creencias limitantes, con la intención de crear nuevas formas de relación (contigo misma, con los demás y con el mundo) más conscientes y ajustadas a tus propias necesidades.

A veces, lo que experimentamos en nuestro cuerpo y lo que nos cuenta nuestra cabeza nos impide escuchar aquello que necesitamos, y encontrar la motivación para ir a por ello puede resultar un camino difícil de recorrer. Poner atención a las sensaciones corporales será muchas veces el eje central de nuestro trabajo. Mi objetivo será ayudarte a que puedas escuchar tu cuerpo, encontrar las estrategias para poder calmarlo e indagar juntas la manera de crear nuevas vías y formas de vida más amables que permitan restaurar un estado de equilibrio interno.
Me considero una persona sensible, curiosa, creativa, cálida y cercana.

Si decides iniciar tu proceso de psicoterapia conmigo, me comprometo a generar las condiciones necesarias para crear un lugar donde puedas expresarte de forma libre y auténtica.

Si sientes que necesitas darle voz a tu historia y a tu cuerpo, estaré encantada de acompañarte.

La Teoría del Apego

«Cuando se construye un vínculo afectivo que proporciona seguridad, también se construyen las bases de la capacidad de resiliencia», Marta Sadurní (2011)

En Karuna entendemos la psicoterapia como un proceso vincular profundo, donde la relación entre psicóloga y paciente es el núcleo desde el cual es posible reparar, sostener y crecer. Trabajar desde la teoría del apego significa reconocer que el vínculo terapéutico es el espacio donde se vuelve a aprender a confiar, a sentirse segura, vista y digna de afecto.

El origen: nuestras primeras relaciones
John Bowlby, creador de la teoría del apego, mostró que todas las personas somos moldeadas por las relaciones tempranas que establecemos con nuestras figuras cuidadoras.
A través de sus respuestas a nuestras necesidades (de atención, protección y amor) vamos construyendo una imagen interna de nosotras mismas y de los demás: si el mundo es seguro, si merecemos afecto, si podemos confiar o si debemos estar en alerta.

Cuando las figuras de referencia responden con presencia, sensibilidad y amor, el niño o la niña interioriza sensaciones de seguridad, placer y confianza. Pero cuando las respuestas son imprevisibles, negligentes o dolorosas, lo que se integra es miedo, tristeza o ansiedad, creando patrones de relación basados en la desconfianza, el miedo al abandono o la evitación emocional.

Así aprendemos, sin darnos cuenta, cómo amar, cómo pedir ayuda, cómo protegernos y cómo vincularnos. Y estas formas de relación tienden a repetirse a lo largo de la vida: con amistades, parejas, figuras de autoridad e incluso con nosotras mismas.

La mirada compasiva: entender sin culpar
En Karuna, esta teoría no se utiliza para juzgar, sino para comprender con compasión.
Las figuras cuidadoras también fueron niñas y niños con sus propias carencias afectivas.
Por eso, antes que buscar culpables, lo que proponemos es reconocer las historias que nos han moldeado y crear un espacio terapéutico donde esas heridas puedan ser acogidas y reparadas.

El vínculo terapéutico: el nuevo mapa de seguridad
Trabajar desde la teoría del apego significa situar el vínculo entre terapeuta y paciente en el centro del proceso.
A través de una presencia estable, coherente y segura, la psicóloga se convierte en una figura de regulación que ofrece un modelo de apego seguro: alguien que no juzga, que acoge, que sostiene el dolor y que ayuda a encontrar una nueva forma de relacionarse con una misma y con el mundo.

A medida que este vínculo se consolida, el sistema nervioso se calma, la confianza se expande y el cambio se vuelve posible.
La persona comienza a experimentar que puede ser vista, amada y aceptada tal como es, y desde ahí se construyen nuevas maneras de amar y de cuidarse.

Los principales estilos de apego

Apego seguro:
La persona ha crecido con figuras disponibles, sensibles y coherentes. Tiene confianza para explorar, mostrarse vulnerable y establecer relaciones sanas y equilibradas.

Apego ansioso-preocupado:
El contacto afectivo ha sido intermitente o imprevisible. Se desarrolla miedo a la pérdida, inseguridad y una necesidad constante de confirmación.

Apego evitativo
La cercanía o la vulnerabilidad se han asociado al rechazo o la crítica. La persona tiende a protegerse evitando la dependencia, el conflicto o la expresión emocional.

Apego desorganizado:
Surge cuando la figura protectora también es fuente de miedo o maltrato. Esto genera respuestas contradictorias: necesidad y rechazo, afecto y agresión.

En Karuna nuestro propósito es recrear la experiencia de un vínculo seguro: estable, cálido, coherente y respetuoso.
Desde este espacio, acompañamos la reparación de los patrones de apego inseguros, ayudando a comprender cómo se han formado y a desarrollar una nueva manera de relacionarte contigo misma y con los demás.

Porque solo cuando nos sentimos seguras podemos abrirnos al cambio, al amor y a la vida.