Ansiedad: qué es, por qué aparece y cómo regularla desde el cuerpo, la emoción y el vínculo

Vivimos en una época en la que la ansiedad forma parte del día a día de muchas personas. Buscamos estar tranquilas, pero nuestra mente no se detiene. Dormimos con el corazón acelerado, repasando mentalmente lo que hicimos, lo que podría pasar o lo que deberíamos haber hecho. La ansiedad se ha convertido en una de las principales causas de malestar emocional, y comprender qué es, por qué aparece y cómo regularla es el primer paso hacia la calma.

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una respuesta natural del cuerpo y la mente ante una amenaza percibida. Es una emoción compleja que se activa cuando nuestro sistema nervioso interpreta que hay algo que puede poner en riesgo nuestra seguridad, aunque racionalmente sepamos que no es peligroso.

A diferencia del miedo, que es una emoción básica y concreta (por ejemplo, miedo a un perro que ladra), la ansiedad suele ser más difusa. Surge cuando el sistema nervioso se mantiene en alerta incluso sin una amenaza real y empieza a generar una sensación constante de peligro o anticipación.

En ese estado, la mente intenta “atacar” o controlar aquello que percibe como amenaza, lo que provoca un flujo constante de pensamientos rápidos, imágenes mentales de escenarios negativos y una sensación corporal de alarma:

  • Palpitaciones o corazón acelerado.
  • Respiración agitada o superficial.
  • Tensión muscular, sobre todo en el pecho, cuello o mandíbula.
  • Sudoración, sensación de nudo en el estómago o falta de aire.

Todos estos síntomas de ansiedad son señales de que tu cuerpo está tratando de protegerte, aunque el peligro no sea real.

¿Por qué aparece la ansiedad?

La ansiedad suele nacer de una emoción muy sana: el miedo. El miedo es un sistema de protección que nos mantiene vivas. Pero cuando no tenemos recursos suficientes de autoconocimiento o regulación emocional, ese miedo puede transformarse en ansiedad.

Por ejemplo, puedo sentir miedo a fracasar, miedo a no ser suficiente o miedo a perder algo importante. Si no sé cómo acompañar ese miedo, empiezo a anticipar, a preocuparme, a intentar controlar lo que aún no ha sucedido. Mi mente se llena de pensamientos obsesivos, imágenes amenazantes (“y si pasa algo malo…”), y el cuerpo responde como si eso estuviera ocurriendo realmente.

Con el tiempo, este circuito ansiedad-miedo-control se refuerza:

  • Anticipo por miedo.
  • Intento controlar para sentirme segura.
  • Mi cuerpo se activa más.
  • Mi cerebro interpreta que hay peligro.
  • La ansiedad aumenta.

Y así, poco a poco, el sistema nervioso aprende que vivir en alerta es su manera de protegerte. Hasta que llega un punto en el que ya ni sabes por qué sientes ansiedad: tu cuerpo y tu mente han automatizado esa respuesta. Es entonces cuando aparecen los ataques de ansiedad o las sensaciones de angustia repentina, que parecen salir “de la nada”, pero en realidad son el resultado de un cuerpo que ha estado sintiéndose amenazado durante mucho tiempo.

Ansiedad y cuerpo: entender tu sistema nervioso

En Karuna trabajamos desde una mirada que une cuerpo, mente y emoción. La ansiedad no solo   está   “en   tu   cabeza”:   está   en   todo   tu   cuerpo. Tu sistema nervioso autónomo es quien regula tus respuestas ante el peligro. Cuando percibe amenaza, activa el sistema simpático (aceleración, alerta, tensión). Cuando se siente segura, activa el sistema parasimpático (descanso, calma, digestión).

El problema es que, si has vivido situaciones de mucho estrés, exigencia o inseguridad, tu sistema nervioso puede quedarse “atrapado” en modo alerta, incluso en momentos en los que estás a salvo. Por eso, trabajar con el cuerpo es fundamental para regular la ansiedad: observar tus sensaciones, tu respiración, tus tensiones, y reaprender a decirle a tu cuerpo “estás a salvo”.

Cómo trabajamos la ansiedad en Karuna

Desde el Modelo de Psicoterapia Integradora Compasiva (MPIC), abordamos la ansiedad de una forma profunda, segura y respetuosa, siempre en tres fases:

  1. Regulación y seguridad

Antes de entrar en la historia, necesitamos que tu cuerpo y mente aprendan a sentirse seguras.

En esta fase te ayudamos a:

  • Comprender cómo funciona tu sistema nervioso
  • Reconocer tus señales corporales de activación.
  • Conocer qué cosas te calman y qué te activan.
  • Practicar estrategias de regulación: respiración consciente, anclajes corporales, mindfulness y técnicas de autocuidado.
  1. Conexión con lo que es importante para ti y acción compasiva

Una vez que puedes sostenerte mejor, trabajamos para reconectar contigo: con lo que te da sentido,   tus   necesidades,   lo   que   es   importante   para   ti. Aprendes a actuar desde la calma, no desde el miedo, y a tomar decisiones más coherentes con la vida que deseas.

  1. Integración profunda

Cuando el cuerpo y la mente están preparados, se abren espacios para mirar con suavidad las heridas, las partes internas que sienten miedo o culpa, y acompañarlas con compasión. En esta etapa, la ansiedad deja de ser el enemigo para convertirse en una guía que te muestra lo que necesita ser escuchado y sanado.

Técnicas para regular la ansiedad en el día a día

Además del trabajo psicoterapéutico, hay herramientas que pueden ayudarte a regular la ansiedad en tu vida cotidiana:

  1. Respira conscientemente.

Cuando notes ansiedad, lleva tu atención al cuerpo. Respira profundo, soltando el aire más lento de lo que lo tomas.

  1. Detén el pensamiento anticipatorio. Pregúntate: “¿Esto está ocurriendo ahora mismo o lo estoy imaginando?”. Esta pregunta devuelve a la mente al presente.
  2. Observa    tus    sensaciones    sin    luchar    contra    ellas. Si sientes el pecho tenso, pon una mano sobre él y acompáñalo con amabilidad. El cuerpo necesita ser sentido, no corregido.
  3. Cuida tus hábitos. Dormir suficiente, mantener una alimentación regular y reducir la cafeína o el alcohol ayuda a estabilizar el sistema nervioso.
  4. Busca  apoyo  terapéutico  si  la  ansiedad  interfiere  en  tu  vida. Si sientes que no puedes manejarla sola, no es debilidad: es un acto de cuidado. En terapia, podrás aprender a comprenderte y a regularte de manera sostenible.

Un mensaje final

La ansiedad no es tu enemiga. Es la forma en que tu cuerpo te dice: “hay algo que me asusta y necesito que lo mires con cariño”. No se trata de eliminarla, sino de aprender a escucharla, a calmarla y a transformar la relación contigo misma.

En Karuna, creemos que sanar la ansiedad no es aprender a “estar siempre bien”, sino a vivir con más conciencia, presencia y compasión, sabiendo que incluso el miedo puede ser una puerta hacia tu calma interior.